OPINION
El pescador de perlas
En una isla lejana de la Polinesia, donde el mar es tan claro que parece un espejo y las palmeras se mecen con el viento, vivía un niño llamado Keanu. Desde pequeño aprendió el oficio de sus padres: recolectar ostras. No era un trabajo fácil. Había que sumergirse durante horas, soportar el cansancio y volver a la orilla con las manos vacías más veces de las que uno quisiera.
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