OPINION
Efecto pánico
A mis 16 años era un fanático del rock, de esos que llevaban melena y camisetas negras. Física era una de mis materias favoritas, pero detestaba Química. No por la asignatura, sino porque la profesora, una mujer siempre rodeada de rosarios y estampas religiosas, aprovechaba cada clase para recordarle a mis compañeros que yo era poco menos que un “embajador del mal” por escuchar música estridente. Nunca olvidaré aquel examen final.
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