Viernes 31 de Octubre del 2014

El arbitraje: una alternativa para los conflictos comerciales

10/10/2013 5:33am | COMENTARIOS |


Valentín Sánchez
vsanchez@ferrere.com.py


Antes de ser presidente de los Estados Unidos, Abraham Lincoln ejerció como abogado por casi 25 años. Después de su muerte, dos colaboradores cercanos recopilaron notas manuscritas de Lincoln, algunas de las cuales incluían consejos y recomendaciones dirigidas a abogados y a estudiantes de Derecho.

En una de esas notas se podía leer el siguiente texto: “Adviértales que el vencedor es a menudo el perdedor... por los gastos que supone y el tiempo perdido”.

En el mundo de los negocios, el tiempo y los costos deben ser factores determinantes al momento de decidir el modo de resolver controversias con proveedores, socios comerciales o clientes. Si bien acudir a los juzgados es la opción por defecto de la mayoría de las empresas, en muchas ocasiones, aunque la sentencia sea favorable, la demora en la tramitación y los elevados costes pueden derivar en situaciones insostenibles y perjudiciales para la empresa, haciendo de la vía judicial más que una solución un problema adicional. El arbitraje se presenta así como una opción válida para empresas, ya que permite alcanzar una solución profesional, rápida y eficaz a controversias de índole comercial.


¿QUÉ ES EL ARBITRAJE?

El arbitraje es un método de resolución de conflictos alternativo al procedimiento judicial, por medio del cual las partes deciden voluntariamente someter una controversia, presente o futura, a una o varias personas imparciales, denominados árbitros, a las que autorizan para que resuelvan la controversia mediante una decisión definitiva que se denomina laudo y que es obligatoria para las partes.

Una de las características más relevantes del laudo es que tiene valor de cosas juzgada y, por lo tanto, el laudo no puede ser apelado como en el caso de la sentencia judicial, a que no existe una segunda instancia arbitral.

Frente al laudo solo cabe interponer antes los tribunales ordinarios una demanda de anulación, que sólo puede basarse en motivos formales y tasados y que, en general, no permite una revisión de fondo de la decisión adoptada por los árbitros.


LAS VENTAJAS DEL ARBITRAJE

Si bien la ventaja por excelencia del arbitraje está ligada a su flexibilidad y rapidez, ya que estadísticamente el arbitraje conduce a una resolución de la controversia en un período más breve que los procesos judiciales, existen otras ventajas que presenta este procedimiento, entre las que podemos citar: Permite someter la controversia a expertos en la materia en cuestión, que no tienen por qué ser abogados necesariamente o a abogados especializados en áreas determinadas, como contratos de construcción, derecho marítimo, joint-ventures, préstamos sindicados, etc.

Las partes pueden optar por la absoluta confidencialidad de todo el procedimiento lo que puede resultar clave en ciertas controversias de negocios. A diferencias de los juicios, donde prevalece el principio de publicidad de los procesos, el arbitraje permite que el expediente y el laudo permanezcan ajenos al conocimiento del público, la prensa y, sobre todo, de los competidores.

Las partes tienen amplias facultades para diseñar el tipo de procedimiento que mejor se adapte a sus necesidades en función de las características de la disputa, lo que permite controlar los costes y la duración del mismo.

Casi todo puede ser libremente acordado por las partes; desde quiénes y cuántos serán los árbitros, el lugar donde se desarrollará el arbitraje, hasta los mecanismos aplicables a notificaciones y el diligenciamiento de pruebas. Los laudos son ejecutables de forma equiparable a una sentencia, y no sólo en el país en que se dictan. Mediante la Convención de Nueva York de 1958, de la cual son parte más de 145 países, se unificaron los criterios sobre reconocimiento y ejecución de laudos extranjeros, lo que permite que un laudo dictado en el extranjero sea reconocido y ejecutado en cualquiera de estos países.


OTRAS CUESTIONES A CONSIDERAR


Si bien en el largo plazo el arbitraje puede ser más económico por la celeridad con la que se resuelve la disputa, y porque no existen sucesivas instancias judiciales, es innegable que el coste inicial de un arbitraje puede ser elevado, sobre todo si se consideran los honorarios de los árbitros que van a decidir la disputa. Dichos honorarios pueden representar hasta el 60% del monto de costos comunes del procedimiento.

El hecho de que ante un laudo sólo puede interponerse una demanda de anulación, y que la misma sólo se refiera a aspectos formales del arbitraje, pero no permita, en general, que los jueces entren a valorar el fondo de la decisión adoptada por los árbitros, es una ventaja en términos de celeridad y simplificación del procedimiento. Sin embargo, esta misma característica genera a veces una crítica por la imposibilidad de revisión de la decisión de los árbitros. Este es un riesgo que ambas partes asumen en el momento, deciden que la disputa pueda ser resuelta con carácter definitivo de un modo rápido.

Otro factor a considerar es que no todos los árbitros o instituciones arbitrales son igualmente recomendables. En ocasiones puede haber árbitros o instituciones arbitrales con poca experiencia, o vinculados a intereses sectoriales específicos. En función de las características de la controversia, es recomendable buscar el asesoramiento adecuado para la elección de los árbitros y/o institución arbitral que se adapte mejor a las necesidades del caso y ofrezca las suficientes garantías de profesionalidad, independencia e imparcialidad.


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